Esto ya no era un juego. Era una realidad que nos comía cada segundo. Cuando nos esperábamos o cuando nos besábamos nos adentrábamos más y más uno al otro. Era algo inexplicable. Tan diferentes nosotros dos, ¿Cómo era posible que esa armonía de nuestras bocas se diera?.

Una noche más que queríamos que fuera eterna. No nos cansábamos de de escaparnos y refugiarnos en la primer sombra. Esa vez no pudimos, y en lugar de ir por una sombra, dejamos que la gentil luna nos cobijara con su luz.

Y ahí, de manera delicada, entré al perímetro de tu sagrada sonrisa. Era uno de esos días, donde algún viejo espíritu entra a tu cuerpo y te lleva a nuevos placeres. No lo sé. Ese momento sentí ser otro. De nuevo, te tomé entre mis brazos, esta ves diferente, muy diferente a los demás, y como si conjugaremos un sueño dejé que todo fluyera, esa fuerza que jugaba entre nuestros labios nos dictaba continuar mas y mas.

De repente sentí que tomaba el control y con un rápido desden lo perdía gracias al sabor de tus frescos labios, que parecía que no dejaban de sonreír. Con la explosión de los sentidos a flor de piel, olvidamos que lo nuestro debía ser clandestino.

Ese par de amantes parecían fulminantes. ¿Cómo describirte? Si cada día te veías radiente y hermosa, siempre estábamos dispuestos a entregarnos.

Una parte de nosotros se quedó ahí, besándose por mucho tiempo, dejamos un poquito de nuestras almas, atestiguadas por una luna hermosa que bañaba tu cabello de luz. Se quedaron dos amantes en ese pasillo besándose.

Debajo de esa ventana, se quedó nuestra esencia para confirmarle a cada uno de los dioses que nos dimos un beso eterno. Podemos regresar para suspirar una ves mas el beso eterno que dejamos ahí, junto a la luna que nos atestiguaba cada noche.